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Estamos 100% de acuerdo en que la atención debe estar centrada en la persona que significa «respetar sus gustos, creencias, cultura alimentaria, condiciones médicas y, por supuesto, sus derechos» cosa que se incumple sistemáticamente y que se podría comprobar realizando registros e inspecciones sorpresivas por parte de un organismo independiente. Los familiares y residentes no están creando ninguna alarma ficticia e injustificada en torno a los menús en las residencias, y esto es muy fácil de comprobar, haciendo visitas no programadas y sin previo aviso a los diferentes centros para ver la comida que se sirve y en que condiciones. Pensamos que se debería verificar la adaptación de los menús a las necesidades de las personas residentes ajustándose de manera individual. En cuanto a que cumplen con los estándares nutricionales establecidos, esto podríamos asegurarlo si hubiese registros periódicos que lo avalen y no hubiese personas desnutridas y/o con complementos alimenticios. Una vez más, los cuidados no pueden estar supeditados al interés económico que muestran los proveedores de estos servicios y existen acuerdos y normativas que definen los mínimos para proveer los cuidados y servicios en las residencias, por lo que no debería tenerse en cuenta que cada residencia cuente con estructuras de gestión, presupuestos y recursos distintos.