La respuesta siempre ha sido clara para los que tenemos una visión Humanista. Sí, por supuesto que sí. Desde un punto de vista platónico, es una afirmación poderosa en el sentido desinteresado.
Curiosamente, y en contraposición a esta forma de verlo, está el interés económico que suscita prácticamente todo en estos tiempos. En especial, como en el negocio de la vivienda, la eficacia y rendimiento económico son los motores que impulsan la sociedad y al mismo tiempo la atrapan en un viaje sin meta, que acaba siendo agotador por inhumano.
Equivalente al becerro de oro de los católicos y al posthumanismo más radical que defienden el neoliberalismo y el tecno feudalismo como único camino, los cuidados necesarios, a partir de una cierta edad, se han convertido en objeto de inversión, olvidando la finalidad de los mismos, degradando a las personas a simples cuerpos con los que mercadear.
Personas que, una vez privadas de sus hogares, se ven y nos veremos desprovistas de unos cuidados dignos y abocadas a esperar el fin, presas en un sistema carente de capacidad para cubrir nuestras necesidades. Tenemos que ejercer los mecanismos garantes de los derechos que enumeran los artículos 19 y 47 de la Constitución Española y especialmente los artículos 10.1, 43, 49 y 50.
O, ¿es que alguien piensa que va a tener la oportunidad de vivir como quiere hasta el final de sus días? Puede que algunas personas privilegiadas sí, pero con matices.
El matiz más importante es que tendremos el modelo que hayamos sido capaces de construir y defender, poniendo a las personas en el centro, sin permitir la especulación, ni gestores que no cumplan la ley, los derechos humanos o la Constitución; respetando tanto las voluntades de las personas residentes como los derechos de las trabajadoras. Aliviando la carga excesiva que tienen estas últimas, justificando que no se encuentran personas para trabajar, sin decir que la oferta propone a veces condiciones infrahumanas. Siguen sin estar las plantillas completas, hecho ya cronificado y aceptado por la mayoría de trabajadoras y familiares que reduce los cuidados a mínimos inadmisibles y que es fuente de malos tratos por omisión de cuidados en algunos casos.
No permitamos esto para evitar que sea el escenario en el que viviremos más pronto que tarde. Necesitamos mirar las residencias como hogares que son de nuestros mayores, y que serán de muchas de nosotras si no se consigue cambiar el modelo. Como alternativa nos podemos ir a la ciudad Sol, tal vez sólo de visita porque a ciertas edades ya no se puede dormir sobre un lecho duro muchos días seguidos. Pero sí, los hogares de las personas mayores, que serán los nuestros no tardando mucho, también están siendo arrasados por la especulación voraz que no respeta la vida, los derechos ni la legislación que les frenan en su constante crecimiento económico.
PLADIGMARE sigue trabajando y parando los intentos de expulsión injustificada, que son el equivalente a un desahucio en el ámbito de la institucionalización de personas mayores. Y por poder estar ahí, estamos agradecidos. Ojalá esto no fuese necesario y ojalá fuesen hogares; por ambas cosas seguimos trabajando, por hogares dignos hasta el final de los días y por cuidados dignos siempre.
Querida Maricarmen, no dejamos de pensar en lo que puedes haber sufrido durante los últimos años, hasta el momento del desalojo que amenazaba con institucionalizarte. Y cómo pensamos en ti, lo hacemos en los miles de personas que han pasado por ese doloroso trance y en los miles de personas que potencialmente estamos ahí, en la frontera que dibuja la defensa de nuestros derechos.
Pero como decíamos, es momento de trabajar y agradecer a los que consideran que las personas mayores también tienen dignidad y derechos y les ayudan en la tarea de defenderlos.
Vemos una amabilidad sin límites en las personas que se plantean por qué no se encuentran los defectos, maltratos y situaciones gravosas durante las inspecciones, y creen que tiene que haber otra forma de encontrar la fuente de esta situación inhumana.
Muy agradecidas a las personas que preguntan en el portal de transparencia por los resultados de las inspecciones que han tenido lugar durante los últimos meses en la residencia donde está su persona familiar, y son críticas con los resultados.
Sobre todo, gracias infinitas por hacerlo por las personas que no pueden ejercer sus derecho y porque también lo hacéis por nosotras, pero pensad que sobre todo porque lo hacéis por vosotras.
